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PRENSA




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Cómo destruir la agricultura y sus agricultores, en el país agrícola más eficiente del mundo - Santiago M. Casares Cazenave y Asociados.

(Enero 2014)


El ejemplo argentino


La siguiente reflexión tiene por objeto alertar sobre la pésima situación económica en la que se debaten los agricultores argentinos de cereales y oleaginosos. El cuadro es tan malo que no da para ironías ni para medias tintas.


En base a las estimaciones de Zeni y Cía, del precio de indiferencia para distintos cereales y oleaginosos para las zonas productivas del país, calculamos el resultado económico para cada uno de ellos en la campaña agrícola en curso, 2014/15. El precio de indiferencia representa el precio de los granos con el que, a rindes promedio y un esquema dado de costos fijos y variables, se logra recuperar el gasto total realizado, es decir, “salir hecho”. Si comparamos estos precios de indiferencia con los precios a los que podremos vender nuestra producción durante el 2015 tendremos la utilidad o pérdida por tonelada producida.


En los costos se incluyen labores, pulverizaciones, agroquímicos, semillas, fertilizantes, administración, arrendamiento en el 60% de la superficie total, que es lo que se siembra en campos de terceros a nivel nacional, seguro contra granizo, intereses por financiación del 50 % de los insumos, flete, acondicionamiento y comercialización. Son planteos productivos de tecnología media, estimados razonablemente para cada zona y cultivo. Habrá, sin duda, tantos costos como productores y situaciones, pero esto nos permite mirar la situación que, en más o en menos, está viviendo el agricultor argentino.


Y la situación es dramática.


Este análisis cubre casi el 90% de la superficie sembrada de estos cultivos.


En campos arrendados, con rindes promedio sobre superficie sembrada y a precios de venta de los meses de cosecha 2015, se pierde dinero en maíz, soja de primera y trigo/soja en todas las zonas analizadas, mientras que en sólo tres de las zonas de girasol hay alguna mínima ganancia. El quebranto en estas condiciones alcanza los -80USD/ha: -1.420 mill de USD.


En agricultura en campo propio (40% del área nacional) y sin pagar nada por la tierra, la situación es igual de mala, pero financieramente el daño es menor en unos 40USD/Ha: se pierden “solamente” -480 mill de USD.


La soja pierde el 8%, el maíz el 11% y el trigo el 31%, de sus costos de producción. El girasol sale hecho.


Resumiendo, todas las zonas productivas del país donde se cultivan cereales y oleaginosos, desde el Noroeste Argentino hasta el Sudeste de Buenos Aires, perderán en su conjunto estos 1.900 mill de USD durante la campaña 2015. A esto hay que sumar los impuestos informales que cobra el gobierno a través de la no devolución en tiempo y forma del IVA y el impuesto a las ganancias por la inflación que se pueden estimar en una cifra un poco mayor: 2.200 mill de USD.


Total del rojo 2015 del sector agrícola más eficiente del mundo: -4.100 mill de USD.


Mientras el sector productor pierde esa fortuna y va desapareciendo, podemos ver como el gobierno nacional recauda impuestos “con la pala”, a través de: los Derechos de Exportación: (9.200 mill de USD); Impuesto a las transferencias (250 mill de USD) y por impuestos “informales” al sector (2.200 mill de USD).


Total a cobrar por el gobierno nacional en 2015: 11.650 mill de USD.


Esta ecuación no cierra. Algo terminará ajustando.


El petróleo baja en el mundo y para atraer las posibles e inciertas inversiones de las petroleras, el gobierno argentino baja las retenciones a las exportaciones de crudo y garantiza a las petroleras nacionales e internacionales un precio interno superior al internacional. Mientras tanto, los granos bajan entre el 18% y el 25% en el mundo y en Argentina y el gobierno nacional decide sostener contrariamente al caso del petróleo, la presión sobre los agricultores que ya viven, trabajan e invierten hoy en nuestro país. En el caso del trigo el gobierno aprieta más aún a través de la no entrega de autorización de exportaciones (ROEs) y así provoca que el precio del trigo al productor baje más del 40% en Argentina contra un 24% del mercado internacional, convirtiendo al trigo en la peor alternativa productiva, siendo en realidad el cultivo más necesario para la sustentabilidad del sistema agrícola argentino, junto con el maíz, por su aporte de materia orgánica y cobertura al suelo, y con ello a la sustentabilidad del sistema agrícola argentino.


El gobierno, aparentemente no registra el daño que producen sus políticas en los agricultores, principalmente a los pequeños y medianos, sus familias, los pueblos en los que viven, el éxodo por falta de recursos, de oportunidades e infraestructura, de toda la Argentina. Hablar ya de daño al suelo, de la proliferación de plagas y malezas por la sojización a la que obliga el gobierno con sus políticas anti trigo y anti maíz, es ya hablar de conceptos misteriosos y ocultos. No alcanza con mejorar la tecnología, adaptarla a cada ambiente distinto, cuidar el suelo, ajustar los gastos, armar redes, integrarse verticalmente……… No alcanza. Lo que se genera, se lo lleva el gobierno. Será bueno que cada productor haga sus números.


Un análisis similar merecen las economías regionales, el tambo y la ganadería, que sufren la consecuencia de políticas desacertadas y presentan ecuaciones económico-productivas con diferentes grados de quebrantos.


Desde el sector productor debemos apoyar y acompañar a aquellos que se sobreponen al cansancio y la frustración y luchan cotidianamente por hacer pública esta situación y así generar cambios en los que ejercen el poder.

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