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¿Alimentos o Combustibles? - Fundación Producir Conservando.

(Junio 2013)


En el marco de la reunión del G8 que se llevó a cabo el 20 de junio en Irlanda, ActionAid, una ONG Inglesa, publicó un informe que asegura que el uso de biocombustibles no contribuye mitigar el hambre en el Mundo


      Cada vez se utiliza más tierra para producir cosechas destinadas a biocombustibles en lugar de alimentos. Lo que consumen los países que integran el G8 por año para combustibles podría alimentar a 441 millones de personas, la mitad de la población mundial con hambre según las Naciones Unidas.

 

      El informe da cuenta de varias problemáticas que se desprenden de este asunto. La primera se relaciona con que muchas de las inversiones en tierras para la producción se dan en países con elevados niveles de inseguridad alimentaria. En el África Subsahariana, por ejemplo, 6 millones de hectáreas están ahora bajo el control de compañías europeas que planean generar beneficios con el biocombustible. En Senegal, donde se está utilizando el equivalente a casi un millón de estadios de fútbol para este tipo de cosechas, hay zonas donde el 20% de la población sufre de malnutrición aguda y otras donde el 30% de los niños sufren de crecimiento atrofiado o retrasado.

 

      Esta información y otros ejemplos que se encuentran en el informe, confirman el impacto que tienen las políticas de biocombustibles en términos de distribución de la tierra y los derechos sobre la misma en países en desarrollo o subdesarrollados. Sin embargo, muchos de los proyectos no aparecen en las cifras de importación de biocombustibles a Europa porque aun no se han desarrollado lo suficiente como para exportar o, simplemente, porque han fallado por bajo rendimiento de cosechas o pérdida de créditos. No obstante, para las comunidades locales, el daño está hecho ya que han perdido el acceso a la tierra y, por ende, a su sustento.

 

      La segunda problemática que aparece con el uso de biocombustibles tiene que ver con que el uso de alimentos para su producción incide directamente en el aumento del precio de la comida. Sobre este tema, El Banco Mundial, la OECD (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), la OMC (Organización Mundial del Comercio), el IFPRI (Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias), el FMI y cinco agencias de las Naciones Unidas presentaron un informe a los países del G20 en el que sostienen que los precios de la comida son sustancialmente superiores a lo que serían si no se produjeran biocombustibles. En la Unión Europea, el 65% de los aceites vegetales actualmente se destinan al biocombustible. Para 2020, se estima que la demanda generará un aumento de precios del 36% en el caso de aceites vegetales, 22% en cereales y 20% en semillas oleaginosas.

 

      Por último, se considera el impacto climático de la quema de combustibles ya que podría generar 56 millones de toneladas de emisiones de CO2. Por ende, el biocombustible aparece como una opción menos ecológica de lo que se creía en un principio.

 

      Como conclusión, el informe resalta que es cada vez más claro que lo que comenzó como una política bien intencionada que intentaría convertir al combustible en algo más ecológico, terminó siendo desastroso para el hambre mundial. Se produce comida para autos en lugar de personas y muchos de los biocombustibles son incluso más dañinos para el ambiente que los tradicionales.

 

      Por su parte, la industria del biocombustible emitió su opinión al respecto y sostiene que los combustibles basados en alimentos amplían el mercado para los productores y agricultores. Niegan, además, que exista una relación directa con la volatilidad del precio de la comida ya que ni el etanol ni el biodiesel (los dos combustibles resultantes del aceite de las plantas) existían en la década de 1970 cuando se dio la fluctuación de precios. También explican que están trabajando en el desarrollo de biocombustibles avanzados que no compitan con los alimentos. Copa-Cogeca, una de las empresas más importantes, pide a la Unión Europea que se introduzcan legislaciones efectivas en los países del tercer mundo para prevenir que se cambie el uso de la tierra de alimentación a combustibles y que se perjudique a las comunidades locales.

 

      En medio del debate, Anders Dahlbeck, Consejero Político para ActionAidUK declaró: “Si las naciones más poderosas realmente quieren resolver el hambre en el mundo, primero deben rever su uso de biocombustibles. Sus políticas han creado una demanda por el peor tipo de biocombustibles que empujan los precios y se producen en tierras que deberían usarse para comida” y pregunta “¿Podemos realmente justificar el uso de la comida para combustible cuando una de cada ocho personas en el mundo tiene hambre?”

 

Para ver el informe de Action Aid:

https://www.actionaid.org.uk/sites/default/files/publications/if_media_report.pdf

Av. Córdoba 659 - C.P. 1054 - Capital Federal | Ciudad de Buenos Aires, Argentina
Telefax: (011) 4311 0245

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